Notas · Punta del Este
Lobos marinos en Punta del Este: dónde verlos y a qué hora
Están en el puerto, a metros de los puestos de pescado, y verlos no cuesta nada. Lo que casi nadie cuenta es que no son focas, que casi todos son machos, y que el animal que se te acerca a pedir pertenece justamente a la especie que peor la está pasando.
¿Dónde ver lobos marinos en Punta del Este?
En el puerto, del lado de la Mansa. No hay entrada, ni horario de visita, ni excursión que contratar: el puerto es un espacio público y los animales entran solos. Se los ve sobre la rampa de hormigón, echados al sol junto al muro del muelle, y trepados a la escollera. Algunos se suben a dormir arriba de las embarcaciones amarradas.
No los busques en la Brava ni en la Mansa: van al puerto porque ahí está la comida, y ese es el único punto de la península donde la visita es cosa de caminar hasta el agua.
¿A qué hora conviene ir?
El horario lo marca la flota, no un reloj. Las lanchas de pesca artesanal salen alrededor de la medianoche y vuelven cerca de las siete de la mañana; los buzos de mejillones arrancan todavía antes. Cuando la pesca se descarga y se limpia en los puestos, los restos van al agua — y ahí están ellos.
De mañana temprano, entonces, con la vuelta de las lanchas. No existe ningún horario oficial publicado, y quien te prometa una hora exacta te está inventando una certeza que no tiene.
No son focas — y casi todos son machos
Lo que hay en el puerto es Otaria flavescens, el león marino o lobo de un pelo, y son en su enorme mayoría machos adultos. Focas propiamente dichas no hay: los únicos pinnípedos que se reproducen en la costa uruguaya son dos otáridos, el león marino y el lobo fino (Arctocephalus australis).
Es un detalle que da gracia cuando caminás la península: una de las calles se llama Las Focas. Hay cartel, no hay focas.
Por qué justo en el puerto: el menú coincide con la pesca
Las dos especies comen distinto, y eso explica todo. El lobo fino se alimenta mar afuera — merluza, anchoíta, calamar — y al puerto no entra nunca. El león marino come pescado costero: corvina, pescadilla, congrio, brótola, palometa, jurel. Es decir, exactamente lo que descarga y limpia la flota artesanal a pocos metros.
El puerto no es un lugar donde los lobos «andan»: es una coincidencia precisa entre una dieta y una faena.
La Isla de Lobos: se mira, no se pisa
La colonia grande no está en el puerto sino enfrente, mar adentro. La Isla de Lobos queda a 8,1 kilómetros de la costa — 4,4 millas náuticas —, tiene 43,5 hectáreas y es el punto emergido más austral del Uruguay. Ahí sí conviven las dos especies.
Desde agosto de 2024 la isla, el islote y el entorno submarino son Parque Nacional, y el decreto prohíbe expresamente el desembarco con fines turísticos o recreativos, incluido el perímetro rocoso. Las salidas que salen del puerto rodean la isla en lancha; nadie baja. Si alguien te ofrece pisarla, está ofreciendo algo que no puede cumplir.
El que se te acerca es de la especie que peor está
Acá está el dato que cambia la escena. En la isla hay del orden de 70.000 lobos finos, pero apenas unos 9.000 leones marinos, y esa población viene cayendo cerca de un 2 % por año. Su caza comercial se detuvo en 1986 y todavía no se recuperó.
O sea: el abundante es el que no ves, y el que se te planta al lado del puesto de pescado es el que está en problemas. Darle de comer está desaconsejado — cambia su conducta, lo ata al muelle y alimenta un conflicto que ya tuvo de todo, desde tablas con clavos puestas por dueños de lanchas hasta una detención por maltrato en marzo de 2026.
Hay además un costo que no se ve desde arriba: los restos de pescado que los atraen consumen el oxígeno del agua. En temporada alta, mediciones de la Asociación Oceanográfica Uruguaya encontraron puntos del puerto por debajo de 4 mg/l de oxígeno disuelto y sedimentos de fondo anaeróbicos.
El faro que una vez los espantó
En 1858 se encendió una señal en la Isla de Lobos, y ese mismo año se la trasladó a la península. El motivo no fue náutico: los concesionarios de la caza se quejaron de que la luz espantaba a los animales. Cuando en 1903 se dispuso construir el faro que hoy está en la isla, el decreto incluyó una condición — que los aparatos ópticos se ubicaran de modo de no iluminar la zona circundante, para no perjudicar la faena.
Durante un siglo, la industria que vivía de estos animales le escribió el pliego al faro. En 1991 se hizo la última zafra.
El puerto es una parada, no el paseo
Los lobos son diez minutos. La península entera es otra cosa: «La otra Punta del Este» es un paseo narrado que cruza del lado bravo al manso, pasa por el puerto y termina junto al agua, en la punta — una hora a pie, contada por una mujer que vivió acá toda la vida. Se entera uno de por qué una calle se llama Las Focas, y de bastante más.